
Aquí estamos con la segunda novela de Los episodios nacionales.
Ya leída y disfrutada. Gracias a la iniciativa de algunas compañeras blogueras (From Isi, Serendipia (Mónica) y Loquemeahorro), este año hemos hecho una lectura conjunta de La Corte de Carlos IV de Benito Pérez Galdós, y aquí os dejo mi reseña.
Gabriel es ya un muchacho de diecisiete años que ha dejado a Don Alonso y Doña Francisca allá por el sur después de la aventura de Trafalgar.
Ha decidido volar y probar fortuna en Madrid, donde espera que sus posibilidades de medrar crezcan.
Su carácter abierto y confiado le convencen de que una mejora de su posición más allá de su clase social se puede conseguir tan solo trabajando duro y relacionándose con las personas adecuadas.
Empieza a trabajar con una actriz de teatro, Pepa y gracias a ella empieza a conocer a toda clase de personas interesantes y poderosas que le llevan a persistir en su sueño de encumbrarse a una posición superior.
Un mundo lleno de intrigas y tejemanejes que tienen como centro los intentos del príncipe Fernando de quitar el trono a su padre Carlos IV.
La razón y la lógica vendrán de la mano de Inés, una costurera de la que Gabriel anda enamoriscado y de Paco Chinitas, el amolador a quien Gabriel respeta bastante.
Durante toda la lectura me ha parecido encontrarme en un corral de comedias. Disfrutando al lado de una montón personas animadas y participativas, de una representación entre satírica y cómica. He podido imaginarme al público, incluida yo, riendo, quejándose y casi interviniendo en la obra. Poniéndose de parte de unos y de otros, abucheando, avisando...
Porque, lo que más me ha atraído de esta historia desde un principio, es su "plasticidad". Esa sensación de que lo que estaba leyendo ocurría delante de mí al mismo tiempo.
Me he dejado llevar por la lectura con la misma emoción que si la estuviera viviendo.
Esta historia está llena de opiniones de todo tipo que Gabriel va recogiendo cuando va a hacer la compra para su señora y en mi caso son las escenas que más han provocado mi interés. Esos dimes y diretes que son el pan nuestro de cada día y del de todas las épocas. El grupo de los defensores de Godoy y los detractores, los que veían a los franceses como sus salvadores y los que temían que entraran en España.
El golpe contra la realidad y un nuevo paso en la evolución de Gabriel hacia la madurez. Gabriel está viviendo un periodo de nuestra historia llena de atractivo y somos los espectadores que gracias a Galdós nos podemos acercar de forma no académica a hechos tan interesantes.
En esta evolución de Gabriel y de como transcurrió la historia me han gustado especialmente las conversaciones que tiene con Inés y con Pacorro Chinitas. Dos personas con los pies en el suelo, que conocen sus limitaciones, pero no dejan de tener ojos, oídos y suficiente cabeza, como para pensar que las cosas no se regalan, y que ponen esa pizca de cordura en Gabriel cuando este se deja llevar por una imaginación un poco exacerbada.
Esta lectura y la posibilidad de comentarla con otros personas me ha dado un montón de satisfacciones. He podido aprender mucho de su lectura, no solo de la historia en sí, sino del comportamiento de los personas en cualquier época.
Y me ha gustado ver como Galdós, dentro de un retrato simpático de los personajes al igual que hizo en Trafalgar, ha sido capaz de hacer una novela, crear una historia en que ha cambiado por completo tanto su presentación como el estilo al narrarlo.
Ya estoy esperando con ganas la próxima lectura conjunta.
Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843 - Madrid, 1920) Novelista, dramaturgo y articulista español. Benito Pérez Galdós nació en el seno de una familia de la clase media de Las Palmas, hijo de un militar. Recibió una educación rígida y religiosa, que no le impidió entrar en contacto, ya desde muy joven, con el liberalismo, doctrina que guió los primeros pasos de su carrera política.
Cursó el bachillerato en su tierra natal y en 1867 se trasladó a Madrid para estudiar derecho, carrera que abandonó para dedicarse a la labor literaria. Su primera novela, La sombra, de factura romántica, apareció en 1870, seguida, ese mismo año, de La fontana de oro, que parece preludiar los Episodios Nacionales.
Dos años más tarde, mientras trabajaba como articulista para La Nación, Benito Pérez Galdós emprendió la redacción de los Episodios Nacionales, poco después de la muerte de su padre, probablemente inspirado en sus relatos de guerra –su padre había participado en la guerra contra Napoleón–. El éxito inmediato de la primera serie, que se inicia con la batalla de Trafalgar, lo empujó a continuar con la segunda, que acabó en 1879 con Un faccioso más y algunos frailes menos. En total, veinte novelas enlazadas por las aventuras folletinescas de su protagonista.
Durante este período también escribió novelas comoDoña Perfecta (1876) o La familia de León Roch (1878), obra que cierra una etapa literaria señalada por el mismo autor, quien dividió su obra novelada entre Novelas del primer período y Novelas contemporáneas, que se inician en 1881, con la publicación de La desheredada. Según confesión del propio escritor, con la lectura de La taberna, de Zola, descubrió el naturalismo, lo cual cambió la manière de sus novelas, que incorporarán a partir de entonces métodos propios del naturalismo, como es la observación científica de la realidad a través, sobre todo, del análisis psicológico, aunque matizado siempre por el sentido del humor.
Bajo esta nueva manière escribió alguna de sus obras más importantes, como Fortunata y Jacinta, Miau yTristana. Todas ellas forman un conjunto homogéneo en cuanto a identidad de personajes y recreación de un determinado ambiente: el Madrid de Isabel II y la Restauración, en el que Galdós era una personalidad importante, respetada tanto literaria como políticamente.
En 1886, a petición del presidente del partido liberal, Sagasta, Benito Pérez Galdós fue nombrado diputado de Puerto Rico, cargo que desempeñó, a pesar de su poca predisposición para los actos públicos, hasta 1890, con el fin de la legislatura liberal y, al tiempo, de su colaboración con el partido. También fue éste el momento en que se rompió su relación secreta con Emilia Pardo Bazán e inició una vida en común con una joven de condición modesta, con la que tuvo una hija.
Un año después, coincidiendo con la publicación de una de sus obras más aplaudidas por la crítica, Ángel Guerra, ingresó, tras un primer intento fallido en 1883, en la Real Academia Española. Durante este período escribió algunas novelas más experimentales, en las que, en un intento extremo de realismo, utilizó íntegramente el diálogo, como Realidad (1892), La loca de la casa (1892) y El abuelo (1897), algunas de ellas adaptadas también al teatro. El éxito teatral más importante, sin embargo, lo obtuvo con la representación de Electra (1901), obra polémica que provocó numerosas manifestaciones y protestas por su contenido anticlerical.
Durante los últimos años de su vida se dedicó a la política, siendo elegido, en la convocatoria electoral de 1907, por la coalición republicano-socialista, cargo que le impidió, debido a la fuerte oposición de los sectores conservadores, obtener el Premio Nobel. Paralelamente a sus actividades políticas, problemas económicos le obligaron a partir de 1898 a continuar los Episodios Nacionales, de los que llegó a escribir tres series más.